Georges Chapouthier
La inteligencia humana tiene dos facetas: una faceta cuantitativa, derivada de la extrema complejidad del cerebro humano, y una faceta más cualitativa, ligada a la naturaleza plástica y juvenil del cerebro. Esta última es la que nos permite cambiar tan fácilmente entre el bien y el mal, haciendo de la educación una necesidad para mantener la moralidad en una especie tan voluble. Sin embargo, para alcanzar sus fines, la educación no puede contentarse con apelar a imperativos que conciernen únicamente al ser humano. Para lograr una mejor moral, también debemos saber respetar a otros seres sintientes, es decir, los animales. Aprender a respetar a alguien más débil que sí mismo es el primer paso para mostrar respeto. Por tanto, hay que aprender a respetar a los animales para, en última instancia, respetar a los humanos.